El Cielo Gobierna - PARTE UNO -

El Cielo Gobierna PARTE UNO

Escrito por Claudia Sáenz De Tapia


Antes de comenzar quisiera explicarte porqué nombré a este escrito «El Cielo Gobierna.» Este título pertenece a un libro de una de mis autoras favoritas: Nancy DeMoss Wolgemuth. Basado en el libro de Daniel, es una serie de podcasts que Nancy predicó en su programa Revive Our Hearts (Aviva Nuestros Corazones en español).


Hoy quiero recordarte que: «El Cielo Gobierna.»
Y por "Cielo" me refiero a Dios.


Dios gobierna.


La verdad de que Dios gobierna puede sonar muy simple, pero al menos en estos últimos meses se han convertido en mi estandarte y la verdad a la que tuve que arraigarme como nunca antes.


Te cuento:


Me casé en noviembre del año pasado.
Mi esposo y yo comenzamos el 2025 con grandes sueños y expectativas. Íbamos a la iglesia, salíamos y disfrutábamos mucho quedarnos en casa.


Pero...


En Febrero, comencé a presentar síntomas muy raros. Todo el tiempo quería dormir, a veces comía y a veces no, mi enojo se encendía por cualquier cosa y la mayoría del tiempo lloraba. Pensé que era algo "hormonal", algo de "mujeres", pero no. Era depresión.


(Y aunque la depresión es algo que se ha normalizado en esta época, la verdad es que no es el estado en el que Dios quiere que vivamos. Pronto te contaré lo que aprendí durante esta etapa.)


La recién casada tenía depresión. Eso repercutió en mi salud fisica y emocional. Subí de peso pues tenía atracones de comida, dejé de salir a la calle, incluso tenía miedo de hacerlo y me parecía algo impráctico.


Dejé de limpiar mi casa con regularidad, los platos y tazas podían pasar dos o tres días en el fregadero, esperando que alguien los lavara. Yo dormía. Ya no cocinaba con amor, ni siquiera con creatividad. Por no querer cocinar y no "molestarme" con pensar en algo podíamos comer pasta una o dos semanas seguidas. Esto repercutió en mi relación con mi esposo, ¿Dónde estaba la mujer emocionada por comenzar este matrimonio? ¿Dónde estaban los platillos nuevos y ricos que le preparaba todos los días? ¿Por qué la casa se veía como un lote de basura?


La depresión me volvió pasiva, me dejaba llevar por mis emociones, lo culpaba a él de mis desgracias. Me volví una mujer apagada y sin deseos de ser su ayuda. Gritaba y lloraba cuando discutíamos.

El libro de proverbios dice:
Una esposa digna es una corona para su marido, pero la desvergonzada es como cáncer a sus huesos. — Prov 12:4


Yo era ese cáncer.


Si él me pedía algo, lo que fuera, mi respuesta inmediata era: "estoy cansada", "Tengo sueño", "¿Qué no ves todo lo que hago y tú no puedes hacer lo mínimo en la casa?". Miro hacia atrás y doy gracias a Dios por el gran amor y paciencia de mi esposo. Yo no hubiera aguantado, ¿Y tú?

En Marzo pasamos por situaciones financieras difíciles, mi esposo se quedó sin empleo. Mi nula previsión y sabiduría para administrar hicieron estragos. Mi marido confiaba en mi para administrar nuestro hogar y cuando hubo que rendir cuentas de lo que había y lo que no, nos dimos cuenta que era más lo que no había. Teníamos muy poco dinero ahorrado, no podíamos comprar despensa ni pagar la renta. Yo creía que era víctima de las circunstancias y culpaba por todo a mi marido. (¡Ay, mi pobre esposo!) Encontrar empleo era algo difícil, así que iba de empleo en empleo, a penas salíamos a flote en el mes.


En Abril presenté algo más. Náuseas, mareos y mucho sueño. ¿Qué crees que era? Sí, estaba embarazada. Pero no lo supe hasta después. Asumí que los síntomas se debían a mi depresión.
La pareja recién casada que no tenía una economía estable esperaba no uno, sino dos bebés. Gemelos. El primer trimestre fue lo más complicado que he vivido. Las náuseas eran muchísimas, cualquier olor me hacía volvía el estómago; en dos semanas bajé siete kilos, pues no comía. Me estaba deshidratando y, sin saberlo, no estaba cuidando a los bebés.


Cuando me enteré ya tenía nueve semanas de gestación, lloré cuando supe que eran dos, no por emoción, lloré por miedo, ¿Qué íbamos a hacer? ¿Cómo íbamos a mantener a nuestros hijos?
Tenía el estrés al límite, no dormía bien, lloraba por las noches... Mi esposo y yo decidimos que lo mejor era que fuera a vivir con mis papás durante un tiempo. Él no podía cuidarme pues trabajaba todo el día y yo estaba sola en la casa y eso me hacía sentir peor.

Mayo pasó, extrañaba mucho a mi esposo. Extrañaba mi casa, extrañaba hacer el aseo y limpiar. Extrañaba recibirlo en casa. Esto me hizo valorar lo que daba "por seguro". Lo que odiaba hacer, ahora daba cualquier cosa por hacerlo. Me sentía una extraña en casa de mis papás, ya no pertenecía allí.


Ahora Junio, fui a mi cita de seguimiento, tenía un ultrasonido programado a las ocho de la mañana. Me acostaron, colocaron los dispositivos y... No había latidos en el corazón de los bebés.

Se suponía que estaba en la semana doce de gestación, mis bebés murieron en la semana diez, una semana después de enterarme que estaba embarazada. Mi cuerpo no rechazó a los bebés, no tenía sangrado ni dolor. Fue una sorpresa. Ese mismo día me internaron y comenzó el duro proceso de un aborto inducido.


(Jamás comprenderé a las mujeres que marchan para pedir que se pueda abortar libremente, lo piden y lo exigen como si fuera una simple gripe que curar. No lo es. Es el proceso más doloroso y terrible que cualquier mujer puede pasar.)


Estuve doce horas tomando medicamentos para poder dilatar y expulsar a los bebés. A las tres de la mañana me colocaron la epidural, pero llegó un punto en que el dolor era más fuerte y nada podía quitarmelo. Ya no resistía. A las tres cuarenta me llevaron a quirófano, cuando ya estaban por comenzar a colocar tubos, mascarilla de oxígeno y la anestesia... Me quedé dormida.


Eso es lo que recuerdo. Lo siguiente fue escuchar a los médicos decir que despertara, que ya se había terminado. A los dos días volví a casa y fueron días de adaptación y duelo.


Si me permites contarte, yo deseaba tener un niño y una niña a los que quería llamar Judá y Elisabeth.
Judá significa «Alabaré a Dios» o «Alabanza a Dios», Elisabeth significa «Dios es mi juramento» o «Dios es abundancia.»


Hace una semana otro problema surgió, mi esposo sufrió un accidente en su trabajo. Gracias a Dios no tiene huesos rotos, pero significó un gasto en medicamentos, doctores y tratamientos. La esposa que se sigue recuperando de su aborto ahora tenía que cuidar a su esposo que no podía levantarse de la cama.

En todo esto: «El Cielo gobierna.»


«Dios es bondadoso, no cruel, cuando nos recuerda quién tiene el control y lo hace a cualquier costo que considere necesario para llamar nuestra distraída atención. ¡Ninguno de nosotros quisiera saber qué pasaría si Él no tuviera el control!
Ahora bien, he aquí por qué he escrito este libro.

Esta misma verdad que nos corrige también está destinada a consolarnos, a tranquilizarnos y liberarnos, a alcanzarnos y guardarnos. “El cielo gobierna” significa que Él es soberano sobre todo lo que nos toca, que nada nos llega sin su deseo de usarlo para nuestro bien y para su gloria y para que participemos de las cosas mayores que diseñó para nosotros.


Él gobierna sobre cada diagnóstico y cada pronóstico, sobre cada ganancia y cada pérdida, sobre las dificultades más abrumadoras y los detalles aparentemente más insignificantes de nuestras vidas.»


«Es Dios, el sujeto de cada oración.
Dios, la mano activa detrás de cada acontecimiento.»




¿Conoces la diferencia entre soberanía y providencia?


«Sus significados son similares, pero cada uno es suficientemente distinto para que juntos nos presenten un panorama aún más amplio de lo que Dios hace y por qué lo hace.


  • La soberanía es su derecho como Creador de gobernar sobre su creación.
  • La providencia se refiere a la forma en que usa su poder soberano para lograr sus propósitos.
  • La soberanía implica que pertenecemos a Dios y que Él puede hacer con nosotros lo que quiera.
  • La providencia afirma que Él actúa de manera que promueva su plan bueno y sabio para nuestra vida.


De modo que hay soberanía y hay providencia. Deidad con designio. Poder con propósito. No es suficiente decir que las cosas suceden por una razón; el asunto principal es que las cosas suceden por las razones de Dios. Dios mismo obra activamente en nuestro mundo y en nuestras vidas para llevar a cabo sus propios objetivos.


Esta realidad está entretejida a lo largo de las Escrituras.
Por ejemplo:
Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra (Salmos 135:6).

Esa es la soberanía de Dios.


Y:


[Él] hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11).
Esa es la providencia de Dios.»


— El Cielo Gobierna, Nancy DeMoss Wolgemuth.

Quiero animarte a ver más allá. En todo lo que te escribí, ¿Pudiste ver la soberanía y providencia de Dios? Ahora yo sí la veo.


1. Dios estaba tratando con mi carácter, permitiendome caer a puntos tan bajos en mi vida para poder limpiar lo que había en mi corazón.
Lewis dijo: «Dios nos permite experimentar los puntos bajos de la vida para enseñarnos lecciones que no podríamos aprender de otra forma.»

Dios como Padre, Creador y Dueño de todo, estaba exigiendo algo de mí. Algo que quizá en la mejor de las circunstancias yo no iba a darle: mi plena confianza en Él.


Dios fue y es el proveedor, pues nunca nos quedamos sin comer; Dios trató con mi pecado, pues yo ponía mi confianza en el dinero. Dios trató con mi victimización y me llevó a vivir las consecuencias de mis actos. Siempre nos mostró misericordia, Su amor es para siempre.


2. Dios decidió la vida y muerte de mis hijos. Él es Dios y tiene control de todo. Sí, es más fácil escribirlo que vivirlo, pero es la verdad. En Su mano está la vida. Al estar en hospital recordé la historia de Job, aunque fue un hombre recto también pidió una explicación, ¡Y Dios se la dió!


Job 38:1-13
[1] Entonces el Señor respondió a Job desde el torbellino:
[2] «¿Quién es este que pone en duda mi sabiduría con palabras tan ignorantes?
[3] Prepárate, muestra tu hombría porque tengo algunas preguntas para ti y tendrás que contestarlas.
[4] »¿Dónde estabas tú cuando puse los cimientos de la tierra? Dímelo, ya que sabes tanto.
[5] ¿Quién decidió sus dimensiones y extendió la cinta de medir?
[6] ¿Qué sostiene sus cimientos y quién puso su piedra principal [7] mientras las estrellas de la mañana cantaban a coro y todos los ángeles gritaban de alegría?
[8] »¿Quién contuvo el mar dentro de sus límites cuando brotó del vientre [9] y cuando lo vestí de nubes y lo envolví en densa oscuridad? [10] Pues lo encerré detrás de portones con rejas y puse límite a sus orillas. [11] Dije: “De aquí no pasarás. ¡Aquí se detendrán tus orgullosas olas!”.
[12] »¿Alguna vez has ordenado que aparezca la mañana o has causado que el amanecer se levante por el oriente? [13] ¿Has hecho que la luz del día se extienda hasta los confines de la tierra para poner fin a la perversidad de la noche?



Yo no quisiera estar en la posición de Job. No quiero prepararme para tener una plática con Dios y creer que puedo decirle qué hacer o cómo hacerlo. Dios es Dios.


3. Dios ordenó el accidente de mi esposo pues si existía la posibilidad de que confiáramos en nosotros mismos, esta era la oportunidad para aprender que no tenemos el control de las cosas. Dios sí las tiene. «El Cielo Gobierna.»

Hoy te invito a reflexionar en estos seis meses del año, ¿Cómo has estado? ¿Cómo han cambiado tus planes? ¿De qué formas has visto que «El Cielo Gobierna» en tu vida?


Esta es la Parte Uno del Cielo Gobierna, la próxima la leeremos el 31 de Diciembre, ¿Qué nos espera? No sé. ¿Tengo planes? Sí. ¿Esos planes pueden ser cambiados por Dios drásticamente? Sí. ¿Habrá alegría, gozo y paz? Sí. ¿Habrá llanto, dolor y pérdida? Sí.



Pero... «El Cielo Gobierna.»


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