Sobre golosos y desiertos.

Sobre golosos y desiertos

Por Caro Oli



La vez pasada escuché un término que jamás había escuchado antes y creo que también será novedoso para muchos de ustedes, y se trata de la “gula espiritual”. Me desconcertó grandemente y me tardé un tiempo hasta que empecé a entender la explicación y me resultó muy interesante. Resulta que es algo de lo que se escribió bastante en la edad media, periodo que apasionaba a C.S. Lewis y por el cual se dejó influenciar mucho más de lo que uno piensa para escribir Narnia.
Resulta que la gula espiritual está muy asociada a los altibajos que sentimos en nuestras vidas de fe, normalmente llamados “consuelos” y “desiertos” por los autores medievales. Hay días en que todo está perfecto, estamos más que motivados a correr la carrera de la fe, luchar la buena batalla y viajar hasta la luna para hacer lo que sea necesario. Mientras que otros… Todo es cuesta arriba, los problemas nos ahogan, no parece que haya ninguna salida posible y Dios… permanece callado…


Pues que lindos son esos momentos de consolación donde uno se siente un ciudadano de la Verdadera Narnia corriendo sin esfuerzo más arriba y más adentro. Cuando sentimos cosquillas por dentro y Aslan está a la vista asegurándonos de que Él nos cuida. Como querríamos que todo fuese así por siempre. Pero así no funciona esta vida.
También hay momentos donde Él nos llama a seguirle incluso cuando no podemos verlo o incluso cuando nadie más quiere acompañarnos, como le ocurrió a Lucy; o cuando todo está confuso y otras voces nos aturden como Charcosombrío y los niños resistiendo ante la dama de la saya verde; incluso cuando todo se desmorona como Tirian ante el complot de Tashlan. Y como duele, que cuesta arriba se hace seguir siendo amigos de Narnia llevando una vida acorde cuando estamos en Inglaterra y todo parece tan lejano…
En esos momentos de desierto es cuando muchas veces nos nace decir “para esto no firmé”. “Muy lindo todo, pero llámenme cuando las cosas mejoren porque esto no es lo mío”. Pues, eso es la gula espiritual. Es el deseo de “atragantarse” con las cosas buenas y agradables, las alegrías y regocijos, el ser el primero para disfrutar el banquete de la victoria cuando todo está bien. Pero en el momento del desierto, cuando aquella linda sensación desaparece, también querer desaparecer, demostrando que no estamos allí por Narnia y por Aslan, sino porque quiero sentirme bien y disfrutarlo. Porque resulta que los golosos espirituales no están por lealtad real, sino por sentimentalismo infantil.
Y ante esto, Jack nos ayuda a poner las ideas claras con la siguiente frase: “Fe es el arte de aferrarse a aquellas cosas que la razón ha aceptado, pese a los propios ánimos cambiantes.”
Nadie te va a criticar por tener días donde no tengas ganas de nada y todo te cueste el doble de esfuerzo, miente el que diga que no tiene de esos. Pero es siendo valientes al cruzar esos desiertos donde mostramos la profundidad de nuestra fe. Porque a nadie le da ganas atravesar el desierto, pero si Shasta, Aravis y los caballos se hubieran dejado llevar por aquel desagrado, jamás hubieran llegado a Archenland y seguirían dando vueltas sin sentido en Calormen; pero el deseo de Narnia les permitió ser consecuentes en sus acciones y superar todo lo displacentero.




Recordemos a Caspian anciano, cansado, que había perdido a su esposa y a su hijo. Cualquiera podría decir que tenía todo el derecho de haberse amargado y reclamado a Aslan por su mala fortuna, pero en cambio fue un rey justo con todos y su última acción en vida fue ir en busca del León para preguntarle cuál era su deseo para Narnia ahora que no había un heredero. Viejo, enfermo e incapaz de moverse por sí mismo, se embarca en un viaje incierto poniendo todas sus esperanzas en un Aslan que permanecía callado, tal como había hecho de niño. Y Aslan, aunque callado, no permaneció indiferente ante él. Envió a dos amigos de Narnia que le permitieron ver una vez más a su hijo antes de finalmente ir al País de Aslan que tanto había ansiado alcanzar. Contrastando grandemente con aquella vez en su juventud cuando fue reprendido por el mismo Aslan por dejarse enceguecer golosamente por ese mismo deseo a costa de abandonar la misión que se le hubiera encomendado.

Así que “valor, queridos corazones” y que el desierto no les amedrente. Aférrense con todas sus fuerzas a aquello que permanece real aunque por momentos no nos lo parezca, y que aquello sea su guía a través de los ánimos cambiantes. Porque la gula es efímera y no sirve de nada ante las dificultades; pero la fe firme es luz y refugio seguro en los peores momentos, y felicidad duradera cuando estos pasan.



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